Bolsasreutilizables.com

Introdujimos el concepto de bolsas reutilizables en Chile y hasta el día de hoy, hemos ayudado a eliminar más de 1.500 millones de bolsas plásticas desechables. Nos mueve cambiar el mundo con pequeños actos día a día. Para esto, diseñamos, fabricamos y distribuimos las mejores bolsas reutilizables, de todos los colores y tamaños.

Fernanda Maturana, exalumna de Ingeniería Comercial USM
LA REVOLUCIÓN DE LAS BOLSAS SUSTENTABLES

La ingeniera comercial sansana que lidera el mercado de las bolsas reutilizables en Chile.

Junto con su madre –ingeniera química- comenzó vendiendo perfumes que ellas mismas fabricaban. Ese fue su negocio mientras estuvo en el colegio. Así comenzó la historia de emprendimiento de Fernanda Maturana, ingeniera comercial de la USM, cofundadora y gerente general de la empresa que trajo a Chile el concepto de la Bolsa Reutilizable o de TNT, y que hoy le vende dicho producto a cerca del 80% del retail nacional.

Desde pequeña quiso innovar y siempre tuvo muy claro que en algún momento iba a llegar esa posibilidad. Tenía sólo nueve años y ya decía “mamá, puedes registrar la marca, por favor. Debo hacer las cosas bien”, respecto a la iniciativa de los perfumes. Veinticinco años después sería reconocida entre las 100 Mujeres Líderes 2015, premio de El Mercurio, entregado por un jurado formado por empresarios, autoridades de Gobierno, periodistas y diversas personalidades del mundo social y de la cultura, quienes destacan la trayectoria y el aporte de mujeres a la nación, en diferentes ámbitos.

Mucho antes de eso, Fernanda ingresó a Ingeniería Comercial entre una de las varias alternativas que tenía. Teatro, Sociología y Sicología, que eran parte de las opciones, pero fueron finalmente descartadas. Ya siendo mechona, se dio cuenta que pasar los ramos le era fácil. La materia no le complicaba de sobremanera y asumía los desafíos académicos con naturalidad. “Era muy obvio que tenía que estudiar esto. Siempre escuché hablar de balances, de flujos y del iva. Siempre tuve ese bichito”, reconoce. Fue la primera de su generación por rendimiento y también la primera en salir.

Lo hizo en 2004. Tenía 22 años cuando ingresó a trabajar. Su primer empleo no fue un emprendimiento, sino que fue jefa de finanzas -recién salida de la Universidad- de una filial de una empresa de Brasil de tecnología que, en un principio, sólo tenía a Sansanos trabajando. Finalmente terminaría emigrando al área comercial de Entel.  Al principio notó la diferencia con su labor anterior, “Antes era como circo pobre, yo hacía de todo. Desde contestar los teléfonos, hasta ir a hacer trámites al banco, servir café, toda la parte contable”. En Entel, un lugar con presupuestos muy diferentes, se sintió con poco trabajo y comenzó a crear proyectos y asumir sus propios desafíos.

Cuando tocó techo en la empresa de telecomunicaciones habló con su jefe, diciéndole: “O continúo mis estudios o formo una empresa, pero mi motivación no está en seguir acá”. Aunque en la organización activaron todas las alarmas para retenerla, el destino inmediato estaba sentenciado: Fernanda Maturana formaría su propia empresa.

VENDERLE A PAULMANN

Aún no se iba de Entel y en el camino de tomar la decisión, se presentó otra oportunidad. “Fernanda, hay unas bolsas que piden y que en Chile no existen, que las usan para forrar sillones y otras cosas. ¿Podríamos ver algo con eso?”, le preguntó su mamá.

“Si me logro convencer, te juro que se lo vendo a Paulmann, pero deja convencerme primero…”, contestó Fernanda, refiriéndose a Horst Paulmann, dueño de Cencosud el consorcio empresarial multinacional chileno que opera en diversos países de América del Sur.

Las conclusiones inmediatas eran que no tenían los recursos suficientes y que no conocían sobre el tema. Para seguir adelante, había que pensar en un modelo sustentable en el tiempo. Como implicaba un cambio de conducta en el cliente, debían apuntar a quienes fueran los líderes en el mercado del retail para imponerlo.

Corría septiembre de 2008 y Fernanda, que por entonces trabajaba junto a su hermano, Pablo, pensaron aquel modelo de negocio que utilizarían. Conocían personas de capitales Ángeles de Chile de la Universidad de Chile y en el directorio de esa entidad  estaba Manfred Paulmann, hijo de Horst. Hablaron con él, le contaron del proyecto y su respuesta fue “yo no creo que en Chile funcione. Pero si quieren hagan una presentación acabada y los ayudo a tener una reunión con Horst”. Se selló así el acuerdo y la gran posibilidad.

¿Nerviosa? Nada. “Nunca tuve miedo. Soy atrevida. Nunca sentí miedo y si no funcionaba, no funcionaba no más. Por eso, miro para atrás y es muy loco pensar cómo pasó todo”. Desde que les dieron la chance de tener esa reunión, hasta el día en que se efectuaría, sólo hubo una semana de plazo.

Debieron esforzarse para hacer esa presentación. Buscar antecedentes, mostrar números, también trabajar la retórica y el desplante para sorprender  y, efectivamente: “Nos sorprenden, hemos estado trabajando con otra gente y la verdad es que no van tan avanzados como ustedes. Estamos haciendo una licitación sobre esto, así que participen. Hay empresas europeas, orientales y ustedes ahora”, fue la respuesta. A los días llegaría la primera orden de compra.

Fernanda le diría a su hermano y otro compañero “váyanse a China y yo me quedo sacando la orden de compra del Jumbo”. Sin recursos y con pasajes comprados en 48 cuotas en la tarjeta de crédito,  partieron al país oriental y Fernanda se quedó en Chile resolviendo todo. Dentro de ese todo, también estaba renunciar a Entel.

Por entonces, Cencosud frenaría la construcción del proyecto inmobiliario Costanera Center en un contexto de crisis económica global. Por ese motivo, al iniciar el acuerdo comercial se les señaló a los emprendedores que sólo partirían aplicando el plan de las bolsas reutilizables en cuatro locales.

Partieron entregando un pedido de 20 mil bolsas. Con mucho esfuerzo pudieron cumplir. Pero habría noticias, les llegaría una segunda solicitud de compra por 700.000 bolsas. Un problema feliz. La noticia era buena, pero los bancos, en un principio, no creían en el proyecto para financiar a los emprendedores. Finalmente todo pudo avanzar.

Así, el 2009 fue un año de muchos premios y muy movido. Consiguieron apoyo también de Endeavor, organización que busca y apoya iniciativas, porque cree que países emergentes pueden alcanzar el desarrollo a través de emprendimientos de alto impacto. Pero Fernanda lo asumió bien, no se mareó ante tanto éxito repentino. “La vida real es esta, trabajar 24/7. No tiene mucho de glamoroso”.

Luego, los buenos resultados se hicieron permanentes, el crecimiento se hizo dinámico y el reconocimiento, sostenido. Oficinas en Perú, México, Colombia y Hong Kong lo avalan. Trabajólica  y con dos hijos en el trayecto de esta iniciativa, la máquina de las bolsas reutilizables no se ha detenido y se han duplicado las ventas año a año.

Hoy, luego de varios años liderando el mercado nacional y posicionándose en el extranjero, Fernanda reconoce que la venta de su producto ha resultado más bien sencilla, que la complicación es conseguir el financiamiento para expandirse. Por contrapartida, el mercado apunta a seguir profundizando el consumo de las bolsas reutilizables y en términos de políticas públicas, se ha legislado  a favor de este tipo de productos, en desmedro de las bolsas plásticas.

“Tengo un tema con cambiar el mundo, con dejar algo más que una empresa. Las organizaciones con las que  trabajo en el extranjero, me gusta ir a conocerlas. Quiero que me muestren las certificaciones que tienen, a sus trabajadores con contrato, que cumplan con ciertos estándares”, dice Fernanda.

Y esa conciencia, la ha logrado impregnar en una empresa que cuenta con más de un profesional salido de la Universidad Santa María y por donde han pasado practicantes Sansanos.

“Hay algo transversal y que se entrega en la USM y es que, aunque suene evidente, fortalecemos una herramienta que nos permite resolver problemas”, dice, y agrega que, “somos capaces de ver el problema, aislar las variables, priorizar y comenzar a resolver”. Casi como si fuera un problema matemático. “Esa estructura, es sello Sansano y es lo que nos diferencia”, sentencia.