Pensiones: Una propuesta para estudiar

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Pensiones: Una propuesta para estudiar

Ya en la columna anterior comentaba que en esta área no soy especialista, por lo tanto, lo que responsablemente puedo hacer es plantear algunas ideas para que los especialistas las analicen.

Si bien es lógico que los cotizantes deben pagar un premio por riesgo por el servicio ofrecido, existe la percepción de que este premio estaría siendo muy alto. Una forma posible de enfrentar este tema es dividir el período inactivo en una tercera y cuarta edad. La tercera edad duraría un número fijo de años, lo que limita por construcción el premio por riesgo de las administradoras. Quienes alcancen una cuarta edad acceden a un seguro de vejez, que puede ser parcialmente subsidiado por el Estado, valorando adecuadamente el costo de oportunidad de esos fondos y permitiendo que a este seguro se pueda contribuir privadamente. En la práctica, esto significaría que la tercera edad se financia con un esquema de retiro programado, mientras que la cuarta edad se implementa un esquema similar a una renta vitalicia. Una ventaja de ello es que las administradoras serían directamente responsables de la pensión final en la tercera edad y no se podría responsabilizar a otro mercado, como en la situación actual con las compañías de seguro vendiendo rentas vitalicias. Ello presumiblemente aumentaría la competencia en el sector. Además, obviamente los recursos acumulados para financiar la tercera edad serían heredables, no así aquellos de la cuarta edad porque ellos responderían a un seguro, con una base estatal.

Un esquema como el descrito tiene la ventaja de ser muy simple y reduce, por construcción, el riesgo enfrentado por las administradoras, lo que en competencia implica un menor descuento para el asegurado y, por lo tanto, una mejor pensión. Un elemento de diseño es obviamente a qué edad se pasa de la tercera a la cuarta edad. Un elemento adicional es que se simplifican los productos que el sistema ofrece a los cotizantes, al menos en la tercera edad, lo que implica que se facilita la comparación y, por ende, se espera que se intensifique la competencia.

Adicionalmente, un esquema así permitiría rescatar elementos que los cotizantes valoran, como es la heredabilidad de los fondos. Evidentemente, lamentablemente no todos los cotizantes llegarán a la cuarta edad, por lo tanto, se espera que el costo en términos de fondos públicos sea menor a un subsidio en el sistema actual.

Por otra parte, al mantener el sistema de ahorro individual para la tercera edad, se mantiene la externalidad positiva sobre el sistema financiero. La lógica de financiamiento de una cuarta edad responde, además, a un sistema de Seguridad Social, elemento que se le critica al sistema actual.

Finalmente, la posibilidad de contribuir privadamente al seguro de la cuarta edad proveería los incentivos correctos para que las personas contribuyan al mejoramiento de su propia pensión, por sobre la base pública, en esta etapa de la vida.