Sobre la nacionalización de los fondos de pensiones

Sobre la nacionalización de los fondos de pensiones

La idea de que todas las personas mayores gocen de una pensión mínima igual al salario mínimo, sin duda es bien recibida por la mayoría de las personas, pues vemos en esas políticas un camino hacia una mejor sociedad.

Pero muchas veces es un error creer que el mecanismo del sistema de pensiones es la causa o solución de los problemas en las pensiones. ¿Qué falló con el sistema actual?, fracasamos en darle legitimidad al sistema, en advertir y optimizar los cambios en el mercado laboral, en articular las reformas tributarias con las necesidades de financiamiento de pensiones, en ajustar periódicamente los parámetros del sistema, en estimar el rol de los actores privados (en este caso, las AFP). Nada de eso tiene que ver centralmente con el mecanismo. 

En esta propuesta las personas contribuyen a un fondo y este paga las pensiones mínimas. Ello introduce enormes incentivos a no cotizar, es decir a la informalidad. Entonces acá aparece la necesidad de una reforma a las políticas laborales. Además, las personas que contribuyan más de lo que reciben pagaran entonces un impuesto, qué si bien en parte es justo porque, ex ante, puede entenderse que hasta cierto punto compran un seguro, representa una transferencia que fácilmente puede ser muy regresiva; me explico: quizás el aporte solidario de una persona adinerada sería igual o casi igual al aporte solidario de personas de clase media. Entonces aparece acá la idea de financiar esta política redistributiva desde impuestos a la renta, no desde los salarios. 

Además, debe ser difícil discutir aumentos al salario mínimo si ello implica subir las pensiones de todos los adultos mayores. Y además resistir las presiones para financiar otras prestaciones con el fondo, sumando a esto el alto aporte patronal que al final termina siendo absorbido en buena parte por los propios salarios, contribuyendo todavía más a la informalización. 

La transición de un mecanismo a otro es de por si muy costoso, además de que fácilmente constituye una “injustica intergeneracional”, que partir la discusión por discutir sobre una cambio radical en el mecanismo, en aislación de lo demás, parece errático.

La arquitectura política, el nivel del debate, la integración de políticas labores y tributarias junto a las de pensiones, la capacidad de adaptación, la legitimidad y la seriedad con que manejemos el tema son los grandes desafíos, las cosas en que hemos fallado. Teniendo esas bases más sólidas, cualesquiera que sean los objetivos que nos planteemos podemos conseguirlos con un sinnúmero de distintos mecanismos de pensiones. Varias veces he escuchado que la mejor reforma de pensiones es una reforma tributara y al mercado laboral. Y agregaría que las grandes preguntas siguen siendo: ¿Cuánto queremos ahorrar?, ¿Cuánto queremos solidarizar?, y como nos autogobernamos inteligentemente sobre ello. Después de eso, el mecanismo es mucho más una cosa instrumental que estratégica.