Entrevista a Mariana Paludi, Académica de Ingeniería Comercial, elegida como líder del Eje 1 del InES Género

La Universidad Técnica Federico Santa María se adjudicó por segunda vez el instrumento de Innovación en Educación Superior, InES Género, que financia el desarrollo de capacidades para disminuir las brechas de género en los ámbitos de I+D+i+e.

La académica del Departamento de Ingeniería Comercial, Mariana Paludi, fue seleccionada como la líder del Eje 1 de la iniciativa. 

¿Qué significa para el Departamento ICOM este nuevo eje InES género? 

 Yo creo que hay dos dimensiones. Por un lado, es la primera vez que un miembro del departamento tiene una participación en las temáticas de género transversales a nivel institucional. Eso nos articula más con la universidad como departamento. 

Lo segundo importante tiene que ver con que el género siempre ha estado visto desde las humanidades más clásicas, como la sociología y la antropología, pero hay un lugar muy olvidado, que es el de las empresas. Desde la mirada económica y la gestión, siempre hemos pensado en cómo lograr mayores beneficios económicos, pero ya hace años que trabajamos temas de ética y sostenibilidad. 

¿Cómo se manifiesta esto en términos legislativos? 

 Si pensamos en el contexto nacional, tenemos una Política Nacional de Igualdad de Género en CTCI que nace en 2021 y que permite, como toda política, concentrar focos y ejes de acción a nivel nacional. 

¿Cree que estas políticas logran acortar la brecha de género? ¿Qué es lo que falta?

 La participación numérica de las mujeres existe hace décadas, las cuotas como medida de discriminación positiva existen, deben ser temporarias, pero son para mí el punto inicial, porque solo tener mayor participación numérica de mujeres en carreras masculinizadas no es ni más ni menos que un checklist, como el que han hecho en los países sajones.

Tenemos que poner el foco en qué pasa con las estructuras organizacionales. Si tienes una egresada que salió de la universidad en una carrera masculinizada, qué trayectoria laboral va a tener, cuando sea madre qué va a necesitar para poder llegar a esos puestos de liderazgo. Eso es lo que todavía me parece que no se ha resuelto.

¿En qué actividades se ha manifestado la adjudicación del InES Género? 

 En diciembre fui invitada por el departamento de admisión de la universidad a reunirme con estudiantes de tercero y cuarto medio que están optando por seguir algún tipo de carrera en STEM. Fue gratificante conversar con estudiantes que están pensando en estudiar en esta universidad, la cual en este último año se ha consolidado con el eslogan de más mujeres en STEM. 

¿Qué reflexiones obtuvo de esta experiencia? 

 Sus dudas y curiosidades me hacen pensar sobre el futuro de nuestras estudiantes, y en cómo serán los próximos 20 o 30 años en sus trayectorias laborales. En el 2026 se implementará una nueva ley de más mujeres en directorios, que busca que dentro de siete años alcancemos un 40% de mujeres en estos cargos, lo cual básicamente es romper con el techo de cristal y lograr poner a las mujeres en posiciones de poder, manejo de recursos y responsabilidad. Interesante el reto, pero cómo llegar a eso es lo que no va a ser fácil. 

¿Qué acciones tiene planificadas como la líder del Eje 1 del InES Género? 

 Vamos por la segunda fase, hemos ganado como universidad el InES de género en su segunda fase, lo que quiere decir que a partir del próximo año y durante tres años vamos a poder enfocarnos en distintos ejes. Personalmente, como líder en el Eje 1, me encargaré del diseño, la implementación y la mantención de sistemas de seguimiento y actualización de normativas de género que tengan como foco I+D+I+E, tanto interno como externo. 

¿Cuáles cree que son los puntos claves para implementar estas normativas?

 Para mí, el punto nodal es identificar brechas y mirar la parte cuantitativa, pero también el aspecto cualitativo y ver si los protocolos y los reglamentos sirven, porque uno los hace en papel, pero falta comprender el grado de transformación institucional. Podemos llenarnos de protocolos, pero desde mi experiencia en bienestar organizacional, lo que importa es cómo lo viven las personas. Es verdad que hay más mujeres en la Academia, gracias a las numerarias y las leyes de cuotas, pero sabemos también que hay trabas socio-culturales y organizacionales que afectan distinto la trayectoria, por ejemplo, de una investigadora. En uno de mis libros, “Mujeres y Ciencia en Chile” se observó que tener mentoras y mentores durante y luego del doctorado y contar con una red de apoyo durante el período de la maternidad es fundamental.

El punto no es crear más protocolos y normas, sino filtrar, descartar lo que no sirve, seguir utilizando lo que sí y agregar lo que falta. Rediseñar, para no solo dar cumplimiento, sino también bienestar.

¿El tener esta iniciativa constituye algo novedoso para las carreras STEM? 

 Es novedoso para Chile. En el mundo esto ya existe hace años, sobre todo para los países sajones. En Australia, EEUU y Canadá se viene hablando hace mucho tiempo. Lo que sí es novedoso es tener el eslogan de más mujeres en STEM. Si uno ve históricamente los premios en ciencias exactas y matemáticas, hay poca presencia femenina, por ende, las políticas importan. 

Han pasado solo cuatro años desde la implementación de la Política Nacional de Igualdad de Género en Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación. La USM entendió que es una universidad técnica y reaccionó rápido, con lo cual podemos posicionarnos desde el conocimiento de lo técnico y trabajar los temas de género desde las aspirantes que están en la media.

¿Cuál es el impacto de la iniciativa específicamente en el Departamento de Ingeniería Comercial?

 Esta universidad sabe mucho de lo técnico, sabe mucho de sacar profesionales, ahora le falta toda esta parte que tiene que ver con el género, cómo lograr cambiar esta estructura que es poco hospitalaria o inclusiva para las mujeres. 

Ingeniería Comercial es una de las carreras dentro de la universidad que cuenta con más estudiantes mujeres. Entonces, el impacto es muy grande, porque formar parte del InES de Género implica tomar un rol protagónico y que lo que pase a nivel Universidad permee en el departamento, por ende, en nuestra docencia, en la investigación y en una mirada más social y sostenible, que es el camino en que tenemos que ir pensando. 

Un cambio de estrategia. 

 Es como si antes hubiéramos sido espectadores y ahora somos protagonistas del cambio, porque un miembro de la organización, en este caso yo, está directamente involucrado en este proceso y con la directora de investigación de toda la universidad. Esa articulación hace que los mismos aportes y contribuciones que tenga el departamento pueden ir y permear la mayoría de los protocolos y viceversa. Es una oportunidad que no se había dado antes. 

¿Puede cambiar algo en el aula misma?

 Totalmente. Para mí, las personas que trabajamos estos temas ya tenemos una sensibilidad de género, lo que traspasa toda nuestra docencia. Tenemos una mirada más social, distinta de las personas, porque hay un foco en el bienestar y en la ética. Son dos temas que se cruzan en la inclusión. Y no solo hablo de género, sino también de otro tipo de diversidades. Eso permite articular las economías, la estrategia, las finanzas y los temas más duros dentro de la administración con temas que tengan más que ver con el impacto de la perspectiva de género. 

Creo que tenemos un buen desafío y ahora que también tenemos una unidad de género, vamos a poder articular, desde distintos departamentos, desde distintos campus, una mirada más integral dentro de la universidad en su totalidad.