En semanas recientes se ha discutido ampliamente la regulación del mercado de juegos de azar y, en particular, si corresponde bloquear los sitios de juegos online. El tema es muy relevante, al menos por dos motivos: el principio general de por qué regular y su viabilidad práctica.
Respecto al principio general, los mercados se regulan cuando la ausencia de regulación genera un alto costo social, usualmente cuidando al consumidor, por lo que, generalmente, la regulación pone límites a los precios que enfrenta el consumidor final. Ello contribuye a mejorar su excedente y, en definitiva, el bienestar.
Una notable excepción es el mercado de juegos de azar, pues el principal beneficio social no proviene del excedente del consumidor final, sino de las externalidades que la ubicación de un casino genera sobre su entorno, tanto a nivel municipal como regional. Esto implica que el foco de la regulación no es disminuir el precio al consumidor final, sino que maximizar las externalidades que en el casino genera. Ello explica por qué en Chile la ley promueve un poder monopólico para los casinos, permitiéndoles rentas monopólicas y permitiendo al Estado la captura de un porcentaje de las mismas, para beneficio municipal o regional. Estas externalidades disminuyen si hay más competencia, lo que implicaría que la existencia de casinos online dañaría el bienestar social.
El argumento, sin embargo, es muy particular. Por ejemplo, en la disputa entre taxis y Uber, es curioso que los primeros pidan la intervención del Estado porque el mercado se ha vuelto “muy competitivo”. En este caso una intervención de la autoridad no está muy claro que sea en favor del bienestar, sino que probablemente se cuide el beneficio privado de un sector. Usualmente más competencia implica más bienestar.
Sin embargo, el principio general no basta para garantizar un resultado exitoso de la regulación, se debe tener, además, una forma de intervención que garantice medianamente un incremento en el bienestar. Esto es, no basta con tener la certeza de que un mercado no regulado o imperfectamente regulado presenta altos costos sociales, sino que se debe tener la certeza de que una intervención adecuada mejorará la situación. Este es precisamente el problema en la regulación del mercado de juegos de azar. No hay ninguna duda de que la ausencia de restricciones al juego online estaba generando un alto costo social, pero aún no está claro que las nuevas reglas sean efectivas en atacar dicho problema.