Reconectando: Desafíos para el Trabajo y la Organización en Nuestros Días

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Reconectando: Desafíos para el Trabajo y la Organización en Nuestros Días

Desde hace alrededor de una década, varios estudios nos venían advirtiendo sobre el impacto que las nuevas tecnologías de información podrían tener sobre la manera en que acostumbrábamos a entender el trabajo y la organización. Algunos años antes de la Pandemia Covid, voces autorizadas nos alertaban sobre el cambio que podría venir. Por ejemplo, en enero del 2017, McKinsey Global Institute (MGI), en un meticuloso informe titulado “A Future that Works: Automation, Employment and Productivity” nos alertaba, prospectivamente, sobre cómo las nuevas tecnologías podrían reemplazar labores tradicionalmente humanas en los próximos diez años, considerando el estado de la tecnología conocida por ese entonces, y considerando el estado del mundo diez años atrás. En este trabajo MGI, no sólo llamaba la atención por la cantidad de trabajos humanos que podían ser alcanzados por algún tipo de reemplazo de las nuevas tecnologías de información, yendo más allá, el informe alertaba sobre la profundidad de los cambios, por primera vez se hablaba de tasas de reemplazo muy altas en un ámbito que no estaba acostumbrado: el trabajo de oficina. En efecto, durante varias décadas nos acostumbramos a ver cómo las maquinas reemplazaban el trabajo físico a gran escala. Lo que no estábamos acostumbrados era a pensar que los trabajos de oficina pudiesen llegar a estar igual de
amenazados, o más. Hoy transitamos el año 2026, comienzan a terminar los diez años prospectados por MGI, y estamos recién cayendo en cuentas de lo acontecido en estos vertiginosos diez años. Todo indica que el cambio fue incluso más allá de lo previsto.


Las nuevas tecnologías de información, comunicación, interacción y colaboración no sólo sí impactaron al trabajo y las organizaciones que conocimos, las están cambiando de una manera tan profunda que nos hace pensar en un cambio de época. El anterior cambio de época había ocurrido cuando el tradicional mundo del campo como centro de la actividad económica dio paso al nuevo mundo de la fábrica. Y los tiempos de cambio de época últimamente se muestran vertiginosos: cuando comienza el mundo de la fábrica como centro de la economía, aun no muere del todo el mundo del campo, y en las grandes ciudades deambulan caballos y automóviles, pero diez años después sólo lo hacen estos últimos. Cien años después, el estado de las cosas para el trabajo y las organizaciones vuelve a cambiar, de la mano de los acontecimientos que coronaron los últimos diez años: la
emergencia global de la Pandemia Covid, y la irrupción a gran escala de la Inteligencia Artificial. Aunque ambos mega- acontecimientos aparezcan disímiles guardan un antecedente en común: el mundo se comienza a conectar de otra forma.


Situaciones muy excepcionales han precipitado el cambio. Una de ellas es la Pandemia Covid, donde durante un período muy largo de tiempo, millones de personas, en muchos países del mundo, tuvieron que aislarse en sus moradas, y desde ahí, tuvieron que continuar trabajando, educándose, procurar su alimentación, informarse, cuidar de su salud, e intentar sobrevivir. Un estado del mundo realmente inédito para las generaciones contemporáneas. En este estado de cosas, explotó una tecnología que venía desarrollándose desde hace largo tiempo, pero que encontró en los nuevos avances de la informática, la electrónica y las energías, los motores para escalar en un mundo que se estaba haciendo la idea de un nuevo orden en materia de trabajo, entre medio de organizaciones que intentaban rearmar su camino en un nuevo estado de necesidades sociales. Esta vez, el gran salto tecnológico ha venido de la mano de la hasta hoy denominada, muy genéricamente, como Inteligencia Artificial – IA (quién sabe cómo se le conocerá en el futuro, ni cuáles serán sus componentes). Hasta hoy, la IA está permitiendo reproducir de una manera más fiel ciertas capacidades de la cognición humana que podríamos modelar como adquisición, memorización, procesamiento, y entrega de la información, aunque esta vez con
velocidades y magnitudes que van más allá del referente humano, y se transforman en una nueva funcionalidad “inteligente” de la información en creación y expansión. En este panorama, la Pandemia Covid nos forzó a explorar nuevas formas de conectividad: nuevas formas de comunicarnos, colaborar, entretenernos, nuevas formas de enviar y traer mercaderías y conocimientos. Por su parte, la Inteligencia Artificial vino a coronar décadas de avances científico-técnicos – por ejemplo, en materia de informática, electrónica y redes – que hoy sirven de un nuevo fundamento para nuestras nuevas necesidades de conectividad.


Tras el primer confinamiento en Estados Unidos, en julio del 2020, la consultora McKinsey (McKinsey Global Business Executives Survey, 2020) ya nos alertaba sobre los cambios que comienzan a precipitarse en las empresas de esa parte del mundo. En base a una encuesta a 800 ejecutivos de empresas globales, nos sugería que un período de cambios disruptivos en el mundo del trabajo estaba llegando, en buena medida producto de acentuadas tendencias en favor de la aceleración de la automatización y la digitalización. En la encuesta, frente a la pregunta “desde el inicio del brote de la Covid, ¿cómo ha cambiado en su empresa o área de negocio la adopción de las siguientes tendencias tecnológicas?” 800 ejecutivos de empresas globales norteamericanas en su gran mayoría (85% de los encuestados) coinciden que la Digitalización de la interacción y colaboración de los empleados se acelerará, por sobre la opinión de que la Digitalización de la cadena de suministro se acelerará (36%) o lo hará la Digitalización de los canales de atención al cliente (48%). La importancia de este estudio
radica en el hecho de que si 800 ejecutivos, tomadores de decisiones, de compañías globales estadounidenses coincidían de manera tan mayoritaria en que la Digitalización de la interacción y colaboración de los empleados se aceleraría, entonces nos sugería que esto iba efectivamente a acontecer, y vendría de la mano de la adopción de la Automatización y de la Inteligencia Artificial (en opinión del 67% de los encuestados).


Los resultados no dejaban de ser novedosos. Quién iba a pensar antes del 2020 que la adopción de la Digitalización de la interacción y colaboración de los empleados le iba a ganar a la adopción en la Digitalización de la cadena de suministro o en la Digitalización de los canales de atención al cliente. Pandemia Covid de por medio, las cosas comienzan a cambiar, y las consecuencias de este cambio tendrían enormes consecuencias para la organización del trabajo.


Trabajo y Organizaciones en medio del gran re-inicio


En este nuevo estado del mundo, la manera en que tradicionalmente concebíamos el trabajo y las organizaciones, al parecer tiene sus días contados. Asistimos a un cambio profundo porque el estado de la tecnología está cambiando profundamente, y lo hace porque ya está madura como para hacerlo si consideramos que la revolución de las tecnologías de la información y comunicación ya cumple cincuenta años de despliegue, a partir de la irrupción de la computación personal de los años setenta. Sí, ya pasó medio siglo de computación personal, y las nuevas tecnologías de la mano de la IA cuentan con el suficiente acervo científico-técnico como para desplegarse. Si bien lo que ocurre nos parece una real novedad histórica, no lo es. El cambio en el mundo del trabajo y de las organizaciones parece una constante en la historia de la humanidad. El trabajo humano siempre ha sido tecnológico. Los humanos, junto con nuestros primos primates superiores, somos los únicos animales que nos apoyamos en herramientas para realizar las tareas de la vida cotidiana. Aún más, los humanos somos los únicos que, además de usar herramientas, las construimos. El ser humano es particularmente tecnológico, y, así, las actividades humanas siempre lo han sido. Siempre hemos utilizado y construido tecnologías que nos permiten lidiar con el mundo físico, y con el mundo de la información-comunicación, necesario para la acción colectiva, la vida en común.


No sólo el trabajo siempre es tecnológico, sino que las organizaciones giran en torno a las posibilidades
de la tecnología característicamente humana, a través del tiempo. Así, la actividad económica se organizó en un momento alrededor de las actividades tecnológicas del campo (tecnologías de riego, de plantaciones, de cosechas, de guarda), para luego organizarse en torno a las actividades tecnológicas de la fábrica (máquinas que mueven, transforman y ordenan un mundo físico), y para luego organizarse en torno de las actividades tecnológicas de las oficinas (la gestión de la información). Las organizaciones de hoy, igual que ayer, girarán en torno de las tecnologías de su tiempo. En este panorama, es de esperar que el trabajo y las organizaciones se desplieguen según la tecnología disponible. Lo esperable es el cambio: tal como hace cien años veíamos caballos y automóviles en el nuevo mundo de las ciudades y sus fábricas, poco tiempo después sólo quedaron los automóviles. La encrucijada hoy es prepararnos para el cambio, porque el cambio en el estado tecnológico del mundo ya se produjo: porque se fraguó durante cincuenta años de un impresionante avance de las tecnologías
de información y comunicación, y porque el nuevo estado de conectividad que precipitó la Pandemia Covid proyectó a las nuevas tecnologías más allá de una alternativa técnica, a una necesidad de la organización de la vida económica.


Como mostraba el estudio de McKinsey ya en 2020, la Digitalización de la interacción y colaboración de los empleados, vía Automatización e Inteligencia Artificial, al poco andar se transformaría en un impacto directo a la manera que teníamos de entender el trabajo en las organizaciones. El mismo estudio declaraba que era muy probable que aumentara la demanda de trabajadores presenciales freelance y temporales, en comparación con los niveles previos a la crisis de la Covid. Y claro, si ahora las empresas comenzaban a mostrar una sustantivamente mayor adopción de tecnologías de interacción y colaboración entre trabajadores … por qué iban a continuar organizando el trabajo – su dotación, coordinación y dependencia – en base a los antiguos parámetros tecnológicos. Mal que mal, el trabajo siempre ha sido tecnológico, y ahora sólo vuelve a adecuarse a la tecnología disponible.



Por de pronto, resultaría útil prepararnos para los cambios que vienen, y que nos plantean desafíos en varios niveles. Por un lado, se abre la necesidad y la oportunidad para rediseñar el alcance de las actividades laborales. Cuáles serán las responsabilidades, entregadas a quién, utilizando qué herramientas, trabajando con quiénes, interactuando cómo, dividiéndose el trabajo cómo. Por otro lado, se abre también la necesidad y oportunidad de repensar la estructura organizacional. Cuáles serán los niveles de coordinación eficientes, para qué responsabilidades, en qué dominios, en cuáles tiempos.


Por último, resultará necesario re entender y explorar las nuevas posibilidades de la acción organizacional, en vistas de las nuevas tecnologías que servirán de fundamento para nuevas actividades organizacionales. Como ya nos han enseñado los grandes filósofos, un martillo es, últimamente, cualquier cosa que martille, la capacidad de martillar es lo que hace al martillo. Lo mismo es aplicable a las tecnologías de la información y la comunicación: su funcionalidad es lo que las transforma en una herramienta poderosa, o accesoria. Pero también sabemos de los filósofos que una vez que tenemos un martillo, comenzamos a ver clavos. Así también, las nuevas tecnologías, sus nuevas funcionalidades, configurarán nuevos ámbitos de acción. No todo será optimización, queda abierta otra vez la puerta de la innovación, y la ventana de la creatividad.


Nuevas actividades laborales: trabajo y organización en medio del cambio


En este estado de cosas, conviene considerar un marco de análisis para entender las actividades organizacionales que vuelven, una vez más, a rehacerse a la medida de las tecnologías disponibles. Dentro de una larga y amplia tradición de autores que han intentado entender la acción colectiva, algunos han centrado su interés en lo que podríamos llamar actividades laborales, y a partir de ellas podemos encontrar ciertas pistas para lo que será el rediseño de la organización y el trabajo. En toda actividad, tenemos objetivos que intentan ser alcanzados por trabajadores, utilizando diversos tipos de tecnologías (desde un martillo a un súper computador). Algunos objetivos pueden ser alcanzados de manera individual, con el auxilio de tecnologías. Pero otros objetivos no pueden ser alcanzados de manera individual, y deben serlo de manera colectiva, también utilizando tecnologías. Cuando surge el trabajo colectivo, entonces surge una primera división: algunos trabajadores les corresponderán ser los responsables, los dueños, de los objetivos, mientras a otros les corresponderá ser los colaboradores en
este empeño. Al hacerlo surge la necesidad de asegurar las necesarias responsabilidades y colaboraciones. Por su parte, quienes intentan racionalizar todo esto son los directivos, los managers, asegurando recursos orientados a objetivos. Entonces, a la luz de las nuevas tecnologías, resulta útil hacernos algunas preguntas. Vamos por parte:


Objetivos: Los objetivos que tradicionalmente hemos estado persiguiendo a través del trabajo ¿Se mantienen vigentes? ¿Podríamos automatizarlos, en su totalidad, en parte? ¿Podríamos unirlos a otros? ¿Los podríamos eliminar? ¿Surgen objetivos nuevos? ¿Cómo llevamos registro de nuestra marcha hacia los objetivos? ¿Qué nuevos recursos necesitamos para los objetivos ahora renovados?


Responsabilidades: ¿Cómo delimitaremos las responsabilidades en torno a los objetivos renovados? ¿En qué tiempos y espacios se desplegarán las responsabilidades? ¿Cómo las monitorearemos? ¿Qué tecnologías necesitamos para que funcione?


Responsables: ¿Quiénes serán los responsables de los objetivos renovados? ¿Cuáles serán las reglas de especialización que nos orientarán para saber qué es responsabilidad de quién? ¿Qué capacidades necesitamos en ellos? ¿Podemos desarrollar esas capacidades, o necesitamos adquirirlas?


Colaboración: ¿Cómo aseguraremos la colaboración en torno a los objetivos renovados? ¿En qué tiempos y espacios se desplegarán las colaboraciones? ¿Cómo monitorearemos? ¿Qué tecnologías necesitamos para que funcione?


Colaboradores: ¿Quiénes serán los colaboradores para alcanzar los objetivos renovados? ¿Cuáles serán
las reglas de interacción que nos orientarán para saber cómo distribuiremos las cargas? ¿Qué capacidades necesitamos en ellos? ¿Podemos desarrollar esas capacidades, o necesitamos adquirirlas?


Dirección: ¿Cómo aseguraremos la optimización de las actividades laborales? ¿Cómo desarrollaremos los talentos? ¿Cómo aseguraremos el cambio? ¿Cómo sumaremos a los reticentes? ¿Cómo lidiaremos con los conflictos? ¿Cómo aseguremos que la organización progrese?


Directivos: ¿Quiénes serán los directivos de la organización? ¿Qué capacidades necesitamos en ellos? ¿Podemos desarrollar esas capacidades, o necesitamos adquirirlas?