Inflación, indexación y fragilidad macroeconómica: Señales de un equilibrio que se tensiona

Compartir

Inflación, indexación y fragilidad macroeconómica: Señales de un equilibrio que se tensiona

La variación del IPC de marzo, que alcanzó 0,96%, superó ampliamente las expectativas del mercado —que rondaban el 0,4%— y reinstaló la inflación en el centro del debate macroeconómico. Más allá de la cifra puntual, el dato revela un sistema de precios respondiendo a shocks simultáneos: combustibles presionados por un petróleo que ha fluctuado entre US$85 y US$119, tarifas aéreas impulsadas por una demanda estacional elevada y aumentos significativos en educación y transporte, que crecieron 5,5% y 2,6% respectivamente. El ajuste en combustibles, aplicado recién el 25 de marzo, tendrá su impacto pleno en abril, anticipando un escenario más complejo para la convergencia inflacionaria.

La trayectoria de las expectativas confirma esta tensión. En menos de un mes, las proyecciones para abril pasaron de 0,3% a rangos entre 1,5% y 1,7%, reflejando el ajuste extraordinario del MEPCO, que reemplazó incrementos graduales de $30 por alzas de $300 en gasolina y $500 en diésel. Este shock altera la estructura completa de costos en una economía donde el diésel es insumo transversal y donde el tipo de cambio —que ha superado los $900 con episodios de marcada volatilidad— amplifica un pass-through históricamente estimado entre 20% y 30%.

A ello se suman los efectos de segunda vuelta: la UF superando los $40.000, la indexación que cubre entre el 20% y el 25% de la canasta del IPC, los peajes y tarifas reguladas que aún no ajustan y una depreciación cambiaria que podría añadir hasta 1 punto a la inflación anual. Para los hogares, especialmente la clase media con compromisos financieros indexados, esto implica dividendos más altos, arriendos reajustados y una reducción efectiva de la liquidez disponible.

El escenario monetario también se ha reconfigurado. Las expectativas de recortes de la TPM dieron paso a la posibilidad de un alza en junio, en un contexto internacional marcado por la volatilidad del petróleo, tensiones geopolíticas persistentes y una Reserva Federal más cauta. En este entorno, donde los precios reaccionan más rápido que la política, la inflación deja de ser un dato mensual para convertirse en un recordatorio de la fragilidad del equilibrio macroeconómico y de la vulnerabilidad estructural de los hogares frente a shocks sucesivos.