El desempleo en Chile alcanzó 9,1%, su nivel más elevado desde 2021, consolidando 40 meses consecutivos por encima del 8%. Esta persistencia configura un fenómeno estructural, reflejo de una insuficiencia crónica en la capacidad de absorción laboral del aparato productivo. La brecha entre el crecimiento de la fuerza laboral (+1,0%) y el de los ocupados (+0,7%) evidencia un desacople persistente entre dinámica demográfica, estructura productiva y demanda efectiva de trabajo, consistente con un mercado laboral tensionado por baja elasticidad de creación de empleo formal y productividad marginal estancada.
El aumento de quienes buscan empleo por primera vez (+11,6%) revela fallas de integración laboral que afectan de manera desproporcionada a jóvenes, mujeres reingresantes y población migrante, grupos expuestos a mayores costos de búsqueda, menor capital social y segmentación ocupacional. El incremento de 3,3% en los cesantes confirma un deterioro reciente en la continuidad laboral, sugiriendo fragilidad contractual y mayor rotación involuntaria. La informalidad, situada en 26,8%, muestra que una parte relevante del empleo generado es no estándar, con baja estabilidad y limitada acumulación de capital humano, restringiendo su aporte a la productividad total de factores.
El componente más crítico se observa en el mercado laboral femenino: el desempleo asciende a 10,5%, reflejando brechas estructurales de participación, empleabilidad y acceso a oportunidades. Aunque la fuerza laboral femenina crece 2,1%, las ocupadas aumentan solo 1,3%, lo que evidencia fallas sistémicas en la provisión de cuidados, rigideces organizacionales y persistente segregación horizontal y vertical.
Si bien sectores como salud, manufactura y actividades profesionales muestran dinamismo, una fracción significativa del empleo creado es informal o de baja calidad. A ello se suma la heterogeneidad territorial, con Biobío, Valparaíso y la Región Metropolitana registrando tasas cercanas al 10%, reflejando asimetrías regionales en diversificación y capacidad de generación de empleo.
La evidencia converge en una conclusión robusta: la demanda laboral crece a un ritmo insuficiente para absorber la expansión de la fuerza de trabajo, consolidando un modelo productivo con limitada capacidad de generar empleo formal, estable y con productividad creciente.