Formas no tradicionales de discriminación

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Formas no tradicionales de discriminación

Cuando oímos la palabra discriminación pensamos en maltrato, denostación o limitación de derechos. Sin embargo, discriminar significa, en general, dar un trato diferenciado, ya sea de manera positiva o negativa. Un trato favorable a un individuo o grupo constituye una forma de discriminación y un trato desfavorable a los no pertenecientes a ese grupo: la llamada discriminación positiva.

Este tipo de discriminación se puede presentar de formas sutiles, principalmente porque, en general, la persona que la ejerce tiene buenas intenciones. Sin embargo, esto puede llegar a generar incomodidad en el discriminado, puesto que se invaden sus espacios de decisión y se limita su libertad.

Considere, por ejemplo, una situación ficticia en que un discapacitado quiere comprar un cono de helado. El heladero, con buena intención, le dice que el cono no es lo más conveniente, pues le resultará más difícil de consumir y le pasa, en cambio, una paleta de helado. Sin duda, la intención del heladero es ayudar, pero se está invadiendo el espacio de decisión del discapacitado.

En la práctica, este tipo de situación es mucho más frecuente que un maltrato o una denostación, siendo lamentable que quien discrimina no tiene ninguna intención de hacer daño. Por el contrario, quiere ayudar.

Esto puede generar un impacto negativo en el discapacitado, quien comienza a aceptar este tipo de comportamiento del resto como una normalidad y empieza a delegar sus decisiones. Por ejemplo, en la situación del heladero descrita anteriormente, el discapacitado comienza a considerar normal que un tercero elija su helado, lo que no sólo afecta su espacio de decisión, sino que, además, limita sus posibilidades de consumir un cono en el futuro, pues, en efecto, consumir un cono puede ser más trabajoso que una paleta, por lo que necesita más práctica.

¿Significa esto que no hay que ser amables con las personas discapacitadas? No, no significa eso, pero sí resulta evidente que hay una línea muy delgada entre ser amable y discriminar positivamente, lo que redunda en que estas formas de discriminación generalmente pasen inadvertidas. Sin embargo, el discriminado usualmente lo nota y, a veces, puede reaccionar mal, exponiéndose a que el resto lo trate de amargado porque no acepta de buen gusto su “ayuda”.

El uso de ascensores exclusivos para discapacitados en el metro es un buen ejemplo de la delgada línea entre discriminación positiva y amabilidad. Una actitud amable en este contexto significa respetar la regla, esto es, el derecho preferente del discapacitado al ascensor, lo que significa que ceder el paso no es una forma de discriminación. Distinto es, por ejemplo, si hay una fila para un ascensor en un edificio y las personas, amablemente, ceden su lugar para que un discapacitado ingrese primero. En este caso, si hay una forma de discriminación pues existe un trato diferenciado más allá del respeto a las normas.

Obviamente, no toda ayuda debe ser considerada discriminación. Si, por ejemplo, un discapacitado tiene una caída en la calle, acercarse a ayudarle a ponerse de pie es algo que haríamos con cualquier persona que sufriera ese percance, no un trato diferenciado.

Al contrario de la discriminación, que genera menoscabo, la solución para la discriminación positiva no es punitiva, pues no tiene sentido castigar a alguien que sólo quiere ser amable. El problema debe ser enfrentado con una campaña informativa para generar conciencia, pues no existe actualmente ningún proyecto o política pública que busque reducirla, a pesar de ser la más común de las discriminaciones.

¿Existe alguna forma simple para no caer en ella? Sí y es muy obvia: Hay que estar seguros de que la persona necesita ayuda.

Hace unos días, una persona me contó la siguiente historia. Ella usa una silla de ruedas pues tiene problemas para caminar y asistió a un restaurant de sushi. Cuando sirvieron los platos, sus acompañantes recibieron los tradicionales palillos para comer, sin embargo, a ella se le trajeron tenedor y cuchara como cubiertos. Ella tuvo que reclamar que perfectamente podía usar palillos, sin embargo, la mesera asumió que ella no podría hacerlo y, bien intencionadamente, sin preguntar, decidió cambiar de cubiertos. Este ejemplo ilustra perfectamente el tipo de discriminación del que estamos hablando. Sin mala intención se invaden los espacios de decisión de una persona, asumiendo, erróneamente, que esa “ayuda” es necesaria, sin preguntar previamente.

En mi experiencia personal, como discapacitado hace ocho años, nunca me ha tocado una forma de discriminación que genere menoscabo. Sin embargo, estas formas de discriminación positiva las vivo a diario, por lo que puedo hablar de ellas de manera informada.

En resumen, la forma más común de discriminación hoy en día es la discriminación positiva, en la cual, por un exceso de amabilidad, se invaden los espacios de decisión de una persona, coartando su libertad. Para evitar este tipo de discriminación es fundamental asegurarse que la ayuda ofrecida es realmente requerida. La forma más fácil de asegurarse de ello es, simplemente, preguntando.

Es evidente que en Chile se ha avanzado mucho en la prevención de la discriminación que genera maltrato, denostación o limitación de derechos. Sin embargo, no hay conciencia plena de que existe este otro tipo de discriminación, más sutil y frecuente.

Por esto, se hace fundamental la implementación de una campaña informativa, consistente en charlas, cambios en la malla curricular escolar, spots en los medios de comunicación. Lo importante es que se enseñe a la ciudadanía que el respeto de la libertad de decisión debe aplicarse también a una persona discapacitada.