En un contexto global marcado por la incertidumbre, con conflictos geopolíticos, crisis energéticas y disrupciones en las cadenas de suministro, las pequeñas y medianas empresas enfrentan una realidad tan desafiante como ineludible: incorporar una visión de futuro o quedar al margen del sistema productivo. Ya no basta con gestionar lo urgente; es imperativo liderar lo importante. En este escenario, el perfil del ingeniero comercial cobra una relevancia decisiva.
Desde su creación, la carrera de Ingeniería Comercial de la Universidad Técnica Federico Santa María integró de forma explícita la gestión de la calidad como eje fundamental en la formación de sus profesionales. Esta decisión no es casual. La calidad ha dejado de ser un aspecto técnico-operativo para convertirse en un instrumento estructural que define la capacidad de resiliencia, eficiencia y sostenibilidad de las organizaciones.
La propuesta académica, en constante actualización, aborda temáticas como gestión estratégica de la calidad, data analytics, excelencia operacional, gestión del capital humano y cumplimiento normativo. Los futuros ingenieros comerciales no solo adquieren herramientas como ISO 9001, Lean Management o Six Sigma, sino que las aplican directamente en empresas reales, especialmente en el contexto de las pymes chilenas.
La evidencia empírica respalda este enfoque. Cada vez más pequeñas y medianas empresas implementan con éxito planes de calidad desarrollados por nuestros estudiantes, logrando profesionalizar sus estructuras, optimizar recursos y expandirse hacia nuevos mercados. Un caso emblemático es el de la empresa Clear SIGNS, pyme nacional especializada en publicidad en la vía pública, que se ha posicionado como referente en su rubro. Es la única pyme del sector que ha obtenido el Premio Nacional de la Calidad en Chile y cuenta, además, con certificación ISO 9001:2015. Su gerente general, Rodrigo Fernández Colom, ha compartido esta experiencia en múltiples espacios académicos, demostrando que, con liderazgo y gestión orientada a la excelencia, una pyme puede alcanzar estándares de clase mundial.
Este tipo de transformación adquiere aún más relevancia al considerar el panorama nacional: más del 98% de las empresas en Chile son MiPymes, pero el 65% no supera los cinco años de operación, ¿una de las principales razones?, la carencia de una gestión sistemática de la calidad. Muchas operan sin planificación, sin estándares y sin mecanismos de control. Esta debilidad se torna crítica en sectores donde el cumplimiento normativo es obligatorio, como la industria alimentaria o la de dispositivos médicos.
Frente a este escenario, el rol del ingeniero comercial es clave. Su misión no se limita a aplicar herramientas: debe liderar transformaciones culturales dentro de las organizaciones. El profesional capaz de tomar decisiones basadas en evidencia, promover la excelencia como estándar y entender la calidad como una inversión, no como un costo, es precisamente el que Chile necesita con urgencia.
Sin embargo, muchas pymes siguen atrapadas en una lógica reactiva. Cambiar esta mentalidad exige más que buenas intenciones: requiere formación rigurosa, visión de largo plazo y liderazgo con propósito. En nuestra universidad, esta transformación es tangible. Nuestros futuros profesionales han defendido tesis sobre gestión de calidad, implementado sistemas de mejora continua y contribuido activamente a la evolución de diversas empresas nacionales.
Donde la calidad se institucionaliza, la resiliencia florece, y en un entorno tan cambiante como el actual, esa resiliencia puede marcar la diferencia entre crecer o desaparecer.
Chile no puede seguir perdiendo empresas por falta de proactividad. La calidad ya no es una opción: es una condición básica para competir. Apostar por la formación de ingenieros comerciales con un enfoque en calidad no es solo una decisión académica; es una apuesta estratégica para el desarrollo del país. Cuando todo cambia, la calidad sigue siendo una de las pocas certezas capaces de sostener a las pymes en pie.