La tesis desarrollada por Eduardo Jara, estudiante del Campus Vitacura, compara las experiencias de Puerto Sánchez, Puerto Cristal y Sewell, identificando factores territoriales, demográficos e institucionales que inciden en la continuidad o desaparición de estas comunidades tras el cierre de sus operaciones extractivas.

Las denominadas company towns fueron asentamientos planificados, gestionados y controlados por una empresa en lugares remotos y estratégicos, con el propósito de responder a las necesidades de sus operaciones productivas. En estos enclaves, las compañías no solo proporcionaban empleo, sino también viviendas, servicios básicos y otras prestaciones para sus trabajadores y familias, configurando comunidades altamente dependientes de una única actividad económica.
Esta realidad es abordada en la tesis “Company towns en Chile: de la minería al abandono. Un estudio comparado entre Puerto Sánchez, Puerto Cristal y Sewell”, desarrollada por Eduardo Jara Liempi, estudiante de Ingeniería Comercial de la Universidad Técnica Federico Santa María, Campus Vitacura, bajo la guía de la académica Mariana Paludi y el profesor Pablo Isla.
“Las company towns básicamente fueron creadas ex novo, es decir, desde cero por las propias empresas, y fueron diseñadas específicamente para responder a su ciclo productivo. Desde un principio, la empresa se adueñaba del terreno y controlaba prácticamente la totalidad del espacio, por lo que existían muchas barreras de entrada para que otros competidores pudieran instalarse en estos lugares. A cambio de su trabajo, la empresa les entregaba a los trabajadores una serie de beneficios, especialmente porque eran lugares muy alejados”, explica Eduardo Jara.
La investigación busca poner en valor el papel que tuvieron estas comunidades en el desarrollo económico de distintas zonas del país, particularmente en territorios de baja densidad poblacional, donde la minería y otras actividades extractivas constituyeron durante décadas uno de los principales motores de desarrollo. Pese a su relevancia histórica y económica, las company towns no han recibido en Chile el mismo nivel de atención académica que en otros países.
Un concepto que dio origen a una oportunidad de investigación
La académica Mariana Paludi explica que el interés por estudiar las company towns surgió a partir de una experiencia académica internacional. Durante una estadía de investigación en la Universidad de Acadia en Canadá, comenzó a trabajar junto al académico Ryan McNeil en torno a este fenómeno y sus distintas expresiones históricas.
“Todo comenzó cuando me gané una beca de estadía en el extranjero donde trabajé con el colega Ryan McNeil y empezamos juntos a pensar en el concepto de company towns. Si bien se puede traducir como ‘ciudades empresariales’, en realidad se trata de ciudades que han sido construidas y han florecido a través de empresas a lo largo de la historia”, señala Paludi.
Durante su experiencia en Canadá, Paludi también pudo conocer otras company towns desarrolladas desde fines del siglo XIX y durante el siglo XX, lo que permitió ampliar la mirada sobre un modelo de organización territorial que trascendió distintas industrias y países.
A partir de esta experiencia, surgió también una pregunta respecto de la vigencia de este modelo. “Nos parecía interesante comprender cómo el pasado de estas empresas, muchas de las cuales han desaparecido y se han convertido en ghost towns, podría estar replicándose en el presente con empresas de tecnología”, explica.

En este sentido, la académica plantea que fenómenos como el desarrollo de Silicon Valley o la posible instalación de empresas tecnológicas en determinadas regiones de Canadá o la Patagonia permiten preguntarse por el impacto que una gran empresa puede generar en los territorios donde se instala y por la eventual creación de comunidades organizadas en torno a una actividad económica específica.
“Nos parecía interesante entender cómo estas ciudades empresariales del pasado podrían estar replicándose en el presente y cuál sería el impacto que tendría la instalación de empresas en los territorios y en las ciudades que se desarrollan alrededor de ellas”, sostiene.
Para Paludi, esta inquietud abrió una oportunidad de investigación debido a que el fenómeno ha sido abordado principalmente desde una perspectiva histórica. “Las company towns son estudiadas desde la perspectiva de los historiadores, pero no existía una mirada socioeconómica desde el management, desde la administración, que las abordara. Y ahí vimos una oportunidad”, explica.
A ello se sumó la existencia de numerosos casos concretos y una amplia documentación histórica disponible en Chile, incluyendo archivos digitales, libros y otros registros, además de localidades que todavía pueden ser visitadas y estudiadas en terreno.
Como parte de este proceso, desde el Departamento y la Escuela se financió el viaje de Eduardo Jara a la zona sur del país, donde pudo realizar trabajo en terreno en Puerto Cristal y Puerto Sánchez, complementando la revisión documental con entrevistas y observación directa.
Tres experiencias, tres caminos tras el cierre de la actividad minera
Para analizar la evolución de estos asentamientos, la investigación compara tres casos: Puerto Sánchez y Puerto Cristal, en la Región de Aysén, y Sewell, en la Región de O’Higgins.
Uno de los casos estudiados es Puerto Sánchez, localidad que constituye una experiencia particular debido a que logró mantener una población después del cierre de su actividad minera. El asentamiento se desarrolló en torno a la explotación de la mina Las Chivas y posteriormente atravesó un proceso de reconversión que permitió su continuidad. Entre los factores que contribuyeron a este proceso se encuentra la intervención estatal y la regularización de terrenos que permitió la construcción de viviendas para descendientes de trabajadores. A ello se sumó posteriormente una mejora significativa de la conectividad terrestre y la instalación de infraestructura de telecomunicaciones.
“En el trabajo en terreno, mi investigación consistió principalmente en entrevistar a la población que todavía permanece en Puerto Sánchez. Actualmente quedan alrededor de 36 a 40 casas, y pude entrevistar aproximadamente a 30 familias. En algunos casos, los propietarios ya no vivían en el lugar, sino que estaban en Coyhaique u otras ciudades. También me encontré con personas que no tenían vínculos directos con los antiguos trabajadores de la minera. En esos casos, las entrevistas estuvieron más enfocadas en conocer el proceso de reconversión que ha experimentado Puerto Sánchez hasta la actualidad”, comentó Eduardo Jara.
Actualmente, Puerto Sánchez encuentra en el turismo una de sus principales alternativas económicas, aprovechando su ubicación en las cercanías del lago General Carrera y su patrimonio asociado a la antigua actividad minera. El caso constituye, de acuerdo con la investigación, un ejemplo de cómo una comunidad puede adaptarse a la pérdida de su principal actividad económica cuando existen condiciones institucionales y territoriales que favorecen su permanencia.
En contraste, Puerto Cristal representa un caso de abandono. Durante su período de auge, esta localidad alcanzó una importante relevancia para la actividad minera de la Región de Aysén y llegó a ser conocida como la “Humberstone de la Patagonia”. El asentamiento contó con servicios médicos, colegio, iglesias, espacios comunitarios, viviendas diferenciadas según las funciones laborales, infraestructura productiva y un sistema propio de generación eléctrica.

El declive de Puerto Cristal comenzó con la caída de los precios internacionales y posteriormente la actividad minera enfrentó nuevos desafíos hasta su cierre definitivo durante la década de 1990. Para el año 2000, el poblado se encontraba completamente abandonado. En 2008, sus instalaciones fueron declaradas Monumento Histórico, reforzando su valor patrimonial y turístico.
El tercer caso corresponde a Sewell, uno de los ejemplos más conocidos de company town en Chile. Fundada en 1905 por la Braden Copper Company para la explotación de cobre, la ciudad llegó a albergar alrededor de 15.000 personas en 1950 y desarrolló una compleja infraestructura destinada a responder a las necesidades de sus habitantes y de la operación minera. Posteriormente, los procesos de transformación de la industria del cobre llevaron al progresivo despoblamiento y demolición de parte importante de sus instalaciones.
El rol del Estado, la población y la diversificación
Uno de los principales hallazgos de la investigación apunta al rol del Estado después del cierre de las operaciones mineras. De acuerdo con el estudio, las políticas públicas pueden ser determinantes para facilitar la adaptación de las comunidades, mediante inversiones, programas de desarrollo local, mejoras de conectividad y apoyo a nuevas actividades económicas, como el turismo.
Otro factor identificado es la escala poblacional. Las comunidades pequeñas tendrían una mayor capacidad de adaptación frente al cierre de su principal actividad económica, mientras que aquellas que alcanzaron grandes dimensiones —como Sewell durante su período de mayor desarrollo— enfrentaron mayores dificultades para sostenerse una vez que desapareció la actividad que les daba origen.
Finalmente, la investigación plantea que el modelo de company town presenta una importante paradoja: puede ser eficiente, pero altamente vulnerable, debido a su dependencia de una sola empresa y de la disponibilidad de determinados recursos. En este sentido, Eduardo Jara plantea que algunos de sus elementos podrían ser considerados para el desarrollo de comunidades remotas, pero incorporando mecanismos que permitan reducir esa dependencia y promover una mayor diversificación económica.