Hidrógeno verde: inversión, exportación y competitividad

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Hidrógeno verde: inversión, exportación y competitividad

Entre el 1 y el 3 de septiembre, Santiago será el centro energético de Latinoamérica. En el Metropolitan Santiago se realizará Hyvolution Chile 2026, la cumbre más importante de hidrógeno verde de la región, presidida por la ministra de Energía, Ximena Rincón, y con la participación de figuras como Michelle Bachelet y Juan Carlos Jobet en el comité estratégico del sector. Detrás del evento hay una noticia mayor: el Ministerio de Energía presentó la actualización de la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde 2026-2030, basada en tres pilares —fortalecer la demanda interna, impulsar la exportación y desarrollar valor local—. Y un hito que marca un antes y un después: Chile ya exportó, por primera vez, un combustible limpio. Ya no hablamos de una promesa en un PowerPoint; hablamos de una industria que empieza a mover carga real.

Aquí está el punto que casi nadie conecta: el hidrógeno verde no reemplaza a la minería, la necesita. Para producirlo se requieren electrolizadores, paneles solares y sistemas de almacenamiento, y todos esos componentes están hechos, en gran parte, de cobre y litio. No hay transición energética sin extracción responsable de minerales críticos. La conexión es incluso más literal: este año se presentó el primer bus a hidrógeno fabricado íntegramente en Chile, desarrollado por Colbún, Anglo American y Reborn Electric Motors. Tiene capacidad para 24 pasajeros y hasta 600 kilómetros de autonomía. ¿Su primer uso? Transporte de trabajadores mineros. El hidrógeno verde ya está moviendo faenas, no solo prometiendo descarbonizarlas.

Detrás de cada proyecto surgen preguntas concretas: dónde se produce, con qué agua, con qué energía solar o eólica y sobre qué suelos. Son preguntas que requieren conocimiento territorial y capacidad de integrar nuevas tecnologías en operaciones que ya existen. El hidrógeno verde no es una industria aparte de la minería: es su siguiente capítulo, una extensión natural del ecosistema minero-energético chileno.

Cuando pensamos en energías limpias, solemos imaginar paneles solares y molinos de viento como algo ajeno a la minería. La realidad es la contraria: el hidrógeno verde es hoy una pieza del mismo engranaje que ha sostenido al país por décadas. Cada avance —una planta que se construye, un bus que circula, un contrato de exportación que se firma— es empleo, es inversión regional y es, en el fondo, una apuesta país sobre la energía que queremos consumir en la próxima década. La transición energética no se explora bajo tierra, pero se construye con la misma base que ya nos dio el cobre: recursos, conocimiento técnico y la capacidad de transformarlos en desarrollo.

Publicado originalmente en el martutino