Milei y la ilusión de la neutralidad tecnológica: Cuando la política se disfraza de algoritmo

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Milei y la ilusión de la neutralidad tecnológica: Cuando la política se disfraza de algoritmo

El reciente escándalo que involucra al presidente argentino Javier Milei y la criptomoneda $LIBRA no es solo una historia de volatilidad financiera, ni un simple «rug pull» más en el salvaje oeste de las cripto. Es, en realidad, una lección magistral sobre cómo la tecnología, el poder y la ética (o la falta de ella) se entrelazan en el mundo actual. Y, más importante aún, nos recuerda por qué debemos ser escépticos de aquellos que nos venden la idea de una tecnología «neutral» y con un efecto entre particulares. 

Los hechos nos muestran como Milei, hace unos pocos días en febrero de este año, promocionó $LIBRA en la red social X, presentándola como una herramienta para impulsar a las pequeñas empresas. El precio se disparó, para luego desplomarse en cuestión de horas, dejando a miles de inversores con pérdidas masivas. Mientras tanto, «insiders» retiraban millones. El resultado de esta operación ha sido acusaciones de fraude, investigaciones y la amenaza de un juicio político. 

Desde una perspectiva puramente técnica, podríamos decir que la tecnología blockchain y las plataformas de intercambio descentralizadas más por supuesto las redes sociales -en este caso X la que justamente es controlado por un amigo político cercano a Milei, Elon Musk- facilitaron esta manipulación. Esto es porque la tecnología blockchain y la red social llamada X, han permitido la creación y el comercio rápido de $LIBRA, y la amplificación del mensaje de Milei. Pero ¿es entonces la tecnología la culpable?, aquí es donde la cosa se pone interesante. 

El poder estructural de Milei, como presidente, es innegable. Su respaldo a $LIBRA no fue un simple «tuit». Fue la voz de una autoridad, imbuida de legitimidad, que influyó en las decisiones de inversión de miles de personas. Esto, por supuesto, plantea serias preguntas éticas sobre el uso del poder político en el ámbito financiero, especialmente en un sector tan volátil y poco regulado como el de las criptomonedas. 

La trampa de la red y la mirada crítica  

Con todo, como analistas de la tecnología y los mercados, es justamente aquí donde pensamos tiene sentido echar mano a la importante crítica de la Teoría del Actor-Red (ANT) y las reflexiones de pensadores como Philip Mirowski. La ANT, popularizada por Bruno Latour, nos dice que debemos entender los fenómenos sociales como el resultado de redes complejas donde interactúan humanos y no-humanos (como la tecnología) en igualdad de condiciones. En el caso de $LIBRA, la red incluiría a Milei, los inversores, los desarrolladores, la blockchain, las plataformas de intercambio, etc. pero ¿es suficiente este análisis ontológico plano en este caso?. Mirowski, con su enfoque en la historia económica y las implicaciones éticas, nos diría que no. La ANT, con su énfasis en la simetría entre actores, corre el riesgo de diluir la responsabilidad moral y política. No es lo mismo el «tuit» de un presidente que el algoritmo que procesa una transacción. Hay una intencionalidad, un abuso de poder, que la ANT, en su afán descriptivo, tiende a pasar por alto. 

En un trabajo anterior, hemos conectado esta crítica con un caso chileno muy bullado en su momento. El caso de «Felices y Forrados”, que analizamos en el artículo «On the Moral and Political Nature of Financial Devices». Al igual que $LIBRA, «Felices y Forrados» no era solo una herramienta financiera; era un dispositivo cargado de implicaciones morales y políticas. Ambos casos involucran disputas públicas, consecuencias legales y, lo más importante, la erosión de la confianza en las instituciones (ya sean financieras o políticas). 

Una lección (o varias) para el futuro

El caso de Milei y $LIBRA no es una anomalía. Es un síntoma de una época en la que la tecnología se presenta como una solución mágica, desprovista de ideología o intereses. Por ello, es un síntoma de un aspecto más estructural en la relación del poder político y las redes, poder que se ha visto ya en varios casos, como lo muestra el del mismísimo Trump y su esposa al lanzar su propia cripto moneda; hecho demuestra que la extrema libertad con la que cualquiera puede lanzar su propia criptomoneda es en sí un riesgo. Pero ciertamente, y como nos recuerda el escándalo de $LIBRA -y como nos advierten pensadores como Mirowski- la tecnología siempre está mediada por el poder, la política y la ética. 

Como profesores y como ciudadanos, debemos ser críticos al respecto. Para ello, debemos cuestionar la narrativa de la neutralidad tecnológica y la existencia de estos dispositivos morales-político-económicos como $LIBRA. Debemos entender que detrás de cada algoritmo, de cada plataforma, hay intereses, hay poder, y hay, sobre todo, consecuencias. Hay algo profundamente oscuro en la forma en que organiza la existencia de estos algoritmos, los mercados y el poder estructural en la economía y la sociedad actual. La próxima vez que alguien nos venda una «oportunidad única» en el mundo de las criptomonedas (o en cualquier otro ámbito), recordemos a $LIBRA, a Milei, y a la necesidad de una mirada crítica y profundamente informada.